Ideas para Catalunya

El encuentro Ideas para Catalunya, organizado por el Club Matador y celebrado el pasado domingo 24 de noviembre en el Círculo de Bellas Artes congregó a más de 350 personas -miembros del Club e invitados- que abarrotaron el teatro.

A lo largo de tres horas y media, siete invitados pusieron sobre la mesa ideas y enfoques que pueden ayudar a la progresiva recuperación de la convivencia y el respeto tanto en el seno de la sociedad catalana, como en la relación de ésta con el conjunto de la comunidad española. Para encontrar argumentos que nos ayuden a compartir el futuro.

El encuentro, que es una aportación del Club al conocimiento de opiniones de grandes profesionales de la sociedad civil, con un sentido absolutamente apartidista, ha dejado un conjunto de aportaciones que queremos compartir.

Antonio Lucio Gil, jurista y miembro del Club, director del encuentro, ha elaborado con este fin el siguiente resumen de algunas de las ideas compartidas (en la web se pueden consultar todas las intervenciones).

Ideas desde la serenidad

Ideas para Catalunya ha querido ofrecer un conjunto diverso de voces serenas, reflexivas y templadas para que cada uno se forme sus propias ideas.

Ideas pensadas desde “la zona templada del espíritu donde no se aclimatan la mística ni el fanatismo políticos, de donde está excluida toda aspiración a lo absoluto. En esta zona, donde la razón y la experiencia incuban la sabiduría” (palabras de Garcés en “La velada de Benicarló”, de M. Azaña)

El encuentro ha querido recordar los encuentros cordiales, enriquecedores y prometedores que los escritores de las distintas lenguas y nacionalidades de España celebraban en los años 50, 60, 70... y crearon un campo fértil sobre el que luego se plantarían los acuerdos políticos de la transición. Por lo que fuera, en un determinado momento se empezó a ser negligente al respecto, y se hizo dejación de tal abono. Pasado un tiempo comenzaron a abrirse zanjas resecas en el terreno.

Las razones de la historia:

José Enrique Ruiz-Domènec, catedrático de Historia Medieval, resaltó la importancia de conocer la historia para hacer frente al futuro.

Sólo con “una historia bien hecha”, rigurosa, científica, honesta, dispondremos de los criterios sobre los que asentar la estabilidad moral, emocional y política que necesitamos.

La historia real de Cataluña es fascinante; no hace falta que el independentismo se invente una historia paralela que no es real y además es menos atractiva.

Las razones de los afectos:

Toni Segarra, publicista, señaló la importancia que tiene este encuentro, visto desde Cataluña. “Hoy aquí, en Madrid, se está tendiendo una mano que es muy posible que nadie recoja, pero es muy importante para el futuro”.

El filósofo Javier Gomá planteó la alternativa de ser pragmáticos y buscar un equilibrio entre pasiones e intereses. Más allá de las pasiones políticas que catalizan anhelos colectivos, como lo son los identitarios -a escala catalana o española-, hay que plantear las virtudes cívicas y democráticas que se pueden cultivar desde una sana visión de los intereses pragmáticos; sobre los cuales se pueden identificar puntos de encuentro, intereses mutuos, contribuyendo a propiciar un deseo de futuro compartido, colaborativo e interdependiente.

Ángeles González Sinde propuso abrir el diálogo no sólo a la visión de juristas o politólogos, y la necesidad de escuchar a biólogos, urbanistas, ingenieros, economistas, antropólogos, médicos, trabajadores sociales, filósofos, artistas… En concreto las artes nos ofrecen mecanismos para ver más allá, para ver al otro, para vernos desde fuera, y poder abordar con más lucidez nuestros conflictos.

Las razones de la ética:

El filósofo Diego S. Garrocho planteó frente a la fascinación por la independencia, la apología de la dependencia, de la interdependencia. Los humanos, individual y colectivamente somos carenciales, dependientes, necesitados de los cuidados y de los intercambios. La política ha de entenderse como un reconocimiento de esta interdependencia, como una búsqueda de superación de la mera ley de la naturaleza, la ley del más fuerte. Su primera regla, por tanto, es la protección de los más débiles, de los vulnerables, de los más dependientes.

Hay que procurar el encuentro entre los mejores ciudadanos por cada ámbito; que el dialogo lo asuman ellos. No nos conformemos con la versión actual del conflicto. Los ciudadanos excelentes, de signos distintos, tienden a parecerse en sus virtudes.

Blanca Vilà, catedrática de Derecho Internacional Privado, defendió reconocer la realidad – en la que han pasado muchas cosas- para rebasarla, a partir de la diversidad y la interdependencia. Para regenerar la confianza perdida, en la que anidan las deslealtades, España debería mostrar y seducir con su mejor perfil, seduciendo con humor y con multiplicidad de vínculos humanos a unas generaciones de catalanes absolutamente desinformados, estimulando el reconocimiento mutuo vamos a necesitar mucho Humor con mayúsculas. En esa reconstrucción del reconocimiento mutuo, en ese ejercicio de anagnórisis, actuar en lo pequeño y en lo cotidiano nutre y fertiliza la tierra compartida.

Las razones de la democracia constitucional:

Juan José Solozábal, catedrático de Derecho Constitucional, partió de que por primera vez en la historia de España disfrutamos de una experiencia duradera y efectiva de democracia, de régimen de libertades, de sistema constitucional. Sepamos valorarlo, cuidarlo, nutrirlo. Sepamos entender nuestro pacto constitucional, su sentido del equilibrio entre la unidad y la pluralidad, su vocación de reconocimiento del pluralismo consustancial de España. En ese sentido, España puede federalizarse más a nivel institucional. Pero aún es más importante que lo haga a nivel cultural.

Recapitulando

El desarrollo de Ideas para Catalunya es un primer intento de abonar el terreno y sembrar ideas razonadas, expuestas con templanza y sin aristas, que propicien un reencuentro entre catalanes y entre éstos y el conjunto de los españoles. Una reflexión y una mirada hacia adelante, renunciando a repartir culpas, pero sin renunciar a la realidad. Una mano tendida, desde la sociedad civil, desde el deseo de convivir, juntos, en una España moderna, a la que tal vez, en este momento, nadie responderá desde el independentismo. Un reconocimiento de la condición de dependencia en el mundo moderno, y de la urgencia y preferencia de pensar en los más débiles como obligación de los políticos y de toda la sociedad. La necesidad de abrir las puertas al regreso de quienes dijeron querer irse.

Salvador de Madariaga creía que, en buena medida, un independentista es un autonomista de mal humor y un autonomista es un independentista de buen humor. El Club Matador, a través de nuestros invitados, quiere plantear la urgencia de recuperar ese ambiente leal y cordial, ese saber hacer, del que fuimos capaces en la transición, para vivir todos juntos en el futuro. Mucho mejor juntos.